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martes, 26 de agosto de 2008

El regalo

Le regaló una pluma. Una de esas plumas clásicas que para que escupan letras sobre un papel necesitas un tintero a tu lado. Era ligera y de fácil manejo. Ella, aún no ha podido abrir el bote del líquido añil. Quiso que lo abrieran juntos y que esas primeras pulsaciones de la pluma surgieran de su mano fuerte y experimentada. Él no quiso, pensaba que ella le daría un uso más profesional e intelectual. Por su parte, ella había olvidado cómo se encadenaban las palabras sobre el papel. Ahora no podrán hacerlo juntos. Él ya no está, y ella piensa que sin él no podrá abrir ese bote, ya que cuando la tinta entre en contacto con el aire de su cuarto se verá obligada a dibujar letras sin parar. Tal vez piensa que pronto se acabará la tinta y lo olvidará.